Historia del billar
No se conoce con certeza la época de su invención, si bien puede afirmarse que es muy antiguo y que es una transformación del primitivo juego de “bolos” o de “trucos”. En lo que hay completa conformidad es que fue inventado por los ingleses, aunque los verdaderos y principales perfeccionamientos se han verificado en Francia.
A mediados del siglo XVI era muy conocido en París y en los sitios reales en que se solazaban los reyes y cortesanos. Los médicos de Luis XVI le aconsejaron que jugase billar después de comer a fin de que hiciese con menos dificultades la digestión; fue entonces que este entretenimiento alcanzó gran boga y se consideraba como verdadera señal de distinción y de aristocrática elegancia. Se reputaba además como un privilegio la facultad de jugar billar y por esta causa hasta el año 1710 no se permitió el establecimiento de billares públicos.
Generalizado este juego después de la revolución francesa, hasta el punto de llegar a vulgarizarse entre todas las clases de la sociedad, y de establecerse infinito número de billares tanto en la capital como en los departamentos de la República Francesa, no tardaron en presentares en ellos buenos aficionados, que después fueron excelentes maestros, los cuales han dejado mucho que imitar, resolviendo los principales problemas que puedan presentarse, debiendo citar entre los mas importantes, por que fue la causa de una variación notable en las reglas de este juego, el problema resuelto por el distinguido maestro Mingaut, el cual habiendo conseguido una mesa de billar en la prisión durante su detención por asuntos políticos, y dedicando todo el tiempo que permaneció en ella al mas profundo estudio de una jugada que lo inmortalice, consiguió la imposible hasta entonces, hacer correr la bola con que se juega de modo que al chocar contra otra, vuelva hacia atrás en la dirección que se desee, que es lo que conocemos con el nombre de retrocesos, y que es sin duda lo que da mas elegancia y mayores recursos para la defensa en esta clase de juego. Por esta habilidad fue colocado entre los primeros jugadores de Europa, y su nombre que era ya bien conocido, adquirió la merecida importancia que aún conserva en nuestros días.
Se cuenta con este motivo, una curiosa anécdota:
Viajaba Mingaut por una población de Francia, donde gozaba tal reputación, que era reconocido su nombre aún en las ciudades de poca importancia y una noche se presentó en un billar y oyó que uno de los concurrentes, conocido por jugador de fama, le nombró dos o tres veces diciendo que había jugado con él en París, sin duda para crearse mayor reputación de inteligente; costumbre algo frecuente entre los aficionados de toda clase de juegos, pero principalmente en del que los ocupa, donde el amor propio resalta mas que cualquier otro. Mingaut se fijó en él, y observó que no le había visto nunca, comprendió que no le había reconocido, invitando con este motivo al provinciano a jugar una partida de carambolas. Después de colocadas las bolas sobre la mesa tomó el taco, y como si tratase de probarlo, tiró sobre el mingo haciendo volver la bola hacia atrás. Calcúlese cual sería el asombro de la concurrencia ál ver que la bola volvía hacia él directamente siendo allí desconocido por completo los retrocesos. El mismo Mingaut, mostrándose admirado, dijo al mozo cuando hubo empezado la partida y tirando las dos primeras: “¿Qué clase de bolas son estas que es posible hacerlas correr hacia delante?” el mozo, extrañado, las pesó y examinó, confesando que eran las que usaban siempre, no faltando entre los concurrentes quien dijera que llevaría en los bolsillos alguna sustancia que le atraía la bola. Decidieron sin embargo, seguir hasta cumplir la partida de cualquier manera y el asombro fue creciendo a medida que le veía hacer carambolas de retrocesos en varias direcciones, hasta que llegó a veinte, cuando el contrario solo tenía seis, en cuyo momento, en medio del mayor entusiasmo y aplausos de la concurrencia, dijo al provinciano: "Ahora puede usted decir con verdad, que ha jugado una partida con Mingaut”.
En España no solo han existido y existen buenos aficionados, sino también verdaderos maestros, como Espino, que puede competir dignamente con los primeros jugadores de Norteamérica, Inglaterra y Francia, que es donde mas afición se tiene a este difícil juego, y donde han brillado además de Mingaut ya citado, Robert Paysan, Berger, Desiré Soret, Noel, Rouhdin y Raymond, considerados como los mas famosos jugadores de billar.
Fuente: "Fundamentos para el Juego de Billar" de José M. Álvarez.

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